5 nuevas palabras del turismo del futuro

La expansión y evolución del turismo está poniendo sobre la mesa los retos a los que se enfrentan los destinos de cara a optimizar todo lo posible su gestión en un futuro inmediato. Los cambios se suceden a gran velocidad, tanto que los habitantes de las ciudades receptoras de turistas asisten a estas abruptas y vertiginosas transformaciones como si éstas sucediesen a cámara rápida. El acalorado debate sobre los nuevos modos de convivencia entre vecinos y turistas, sumado a la irrupción en el sector turístico de modelos de negocio exclusivamente digitales, está propiciando una catarata de nuevos conceptos e ideas que necesitan ser nombrados. Algunos de estos neologismos, que por fortuna van más allá del recurso fácil y manido de echar mano del inglés, han traspasado las fronteras de los sectores profesionales del turismo y se han ido introduciendo en el vocabulario de cualquier hijo de vecino. Vamos a repasar algunos términos de muy reciente aparición que al calor del debate sobre el «nuevo turismo» están en boca de todos.

Turistificación

Es, probablemente, el neologismo de moda. Se refiere al impacto que el turismo de masas provoca en el tejido social, urbanístico y comercial de un barrio o toda una ciudad. En algunos casos, zonas enteras de la ciudad, generalmente los cascos antiguos o centros urbanos, se están convirtiendo en espacios dedicados exclusivamente al turismo, generando tensiones entre los visitantes y los vecinos. Barcelona o Venecia son los ejemplos paradigmáticos de turistificación. Y de la turistificación a la turismofobia, dicen, solo hay un paso, pero de este espinoso tema hablaremos más adelante.

Uno de los temas cruciales del debate alrededor de la industria turística es el que aborda el exceso de turistas en relación con la capacidad de recepción de los destinos

Airbnbización

Todos estos palabros de los que hablamos nombran diferentes ángulos de una misma cuestión y todos ellos, cuando no son consecuencia directa unos de otros, están estrechamente relacionados. Aunque resulta una obviedad a estas alturas, se hace necesario repetir que internet ha cambiado el mundo. Una de las infinitas consecuencias de la digitalización de todo es la aparición de las plataformas de la llamada economía colaborativa, que en un principio se dedicaban a poner en relación a unos usuarios con otros para el intercambio de bienes o servicios a cambio de un porcentaje de la transacción. Aunque en un principio Airbnb se creó para poner en contacto a dueños de alojamientos con visitantes que buscaban otro modo de alojarse, hoy en día se discute ardorosamente sobre su naturaleza actual y el impacto que tienen sobre el mercado inmobiliario tradicional. La discusión sobre las plataformas peer-to-peer (de igual a igual) y la realidad de la economía colaborativa está servido y promete ser intenso.

En cualquier caso, lo que comenzó siendo una herramienta horizontal ha acabado por convertirse en una gigantesca hidra digital que está transformando barrios enteros: los airbnbarrios, lugares cuyas casas, pisos, apartamentos están destinados a ser alquilados por turistas durante periodos de tiempo muy cortos y de los cuales, los vecinos de toda la vida, o bien se han marchado o se mueven por sus calles con si ellos fuesen extranjeros que ignorasen en qué país están.

Posturismo

Un nuevo paradigma, otro modo de enfocar el viaje por ocio, pero al ser un concepto tan nuevo y, por lo tanto, aun no convenientemente estudiado por los medios académicos, no es posible hallar una definición que resulte universalmente aceptada. Lo que sí parece claro es que el posturismo pivota alrededor de la enorme influencia que las nuevas tecnologías ejercen en los modos de viajar. En este sentido, ya se manejan ideas anejas al posturismo tales como «turismo virtual» o «tecnoturismo», que hacen referencia incluso a un tipo de turismo en el que no es necesario el desplazamiento físico para visitar, realidad virtual mediante, los lugares que deseemos conocer.

Sin embargo, este nuevo concepto presenta, bajo nuestro punto de vista, un serio hándicap: la posible confusión semántica con el término «postureo». Y aunque vivimos en plena revolución de lo post o precisamente por ello (la RAE aconseja eliminar la «t»), posverdad, posrealidad, posdeporte, etc., las mofas al respecto pueden llegar en cascada. Y es que los excesos suelen generar vacío.

Que el posturismo sea o no postuero solo el tiempo lo dirá. Y seguramente, al ritmo que va todo, no tengamos que esperar demasiado.

Turistificación, airbnbización, knowmads… ¿Qué nos depara el futuro?

Bleisure

Suele decirse que quien se dedica a lo que realmente le gusta no tendrá que trabajar ni un solo día de su vida. Trabajo y placer son dos caras de una misma moneda. Por otro lado, la cultura anglosajona es tan aficionada a crear palabras y no hay concepto por novedoso que sea que no tenga su palabro de nuevo cuño. De este modo, la contracción de las palabras inglesas «bussines» (trabajo) y «leisure» (placer) da como resultado «bleisure». Aunque podemos optar, si lo creemos conveniente, por «laborocio», la versión española de este nuevo concepto.

Es este un fenómeno interesante pues en una misma persona podemos encontrar dos perfiles muy diferenciados, que se intercambian dependiendo de la hora del día o la circunstancia. Así, por ejemplo, desde la mañana hasta la hora de comer se trata de alguien en viaje de negocios que por la tarde se transforma en un turista de alto nivel en busca de la oferta de ocio de la ciudad en la que se encuentre. Una tendencia en alza.

El futuro será de los knowmads, profesionales altamente cualificados cuyos conocimientos no podrán ser sustituidos por ninguna máquina.

Knowmads

Los knowmads se diferencian de los anteriores en que no tienen un lugar de trabajo definido. Generalmente se trata de un perfil profesional relacionado con las nuevas tecnologías y altamente cualificado que puede realizar su trabajo completamente en remoto, lo que les ofrece la oportunidad de mantenerse en constante movimiento o bien mantener cinco o seis ubicaciones diferentes a lo largo y ancho del planeta. Estos nuevos trabajadores, eminentemente jóvenes, están comenzando a ser conocidos como knowmads, neologismo que resulta de la unión de las palabras inglesas know (conocimiento) y nomad (nómada), algo así como «nómadas del conocimiento», un concepto éste relacionado directamente con el futuro del mercado laboral, que se prevé enormemente tecnificado, con robots trabajadores, pero en el que reinará un factor insustituible: el conocimiento.

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